Los cachetes sí perjudican la salud: sí está científicamente demostrado.

Visto en la revista Mente Libre.

 

Aún hoy en día, y a pesar de que en muchos países del mundo están prohibidos por sus claros perjuicios físicos y mentales para los niños, muchos padres siguen justificando el cachete como método educativo.

Resulta curioso, pero una de las escusas más utilizadas para seguir pegando, es el argumentar que no está científicamente demostrado que el cachete sea dañino para los niños. Para muestra de las falacias que llegan a alegar, este testimonio que recogió Ramón Soler en su excelente serie de artículos  Ciencia y expertos: Excusas para pegar a mi hijo (IV)

“No estoy para nada de acuerdo con que un cachete puntual sea un acto de violencia. Y eso no significa no respetarles ni considerarlos subhumanos. me gustaría ver en qué datos se basan los estudios que descartan el cachete y también me gustaría saber si alguien se ha molestado en estudiar si los niños criados con “diálogo” son mejores personas que los que han sufrido el terrible trauma del cachete (y no mezclemos el maltrato, que es otra cosa).”

Sin embargo, sí que está demostrado científicamente que los cachetes perjudican muy seriamente la salud y no sólo la de los niños que son ahora, sino que también, la de los adultos que serán mañana.

Existen cientos de artículos que lo demuestran y de hecho, en febrero pasado se publicó un macroestudio de dos expertos canadienses en desarrollo infantil en el que concluyeron, tras examinar dos décadas de investigación sobre el tema, que el castigo físico plantea riesgos graves para el desarrollo a largo plazo de un niño.

Joan Durrant, psicóloga infantil y profesora de ciencias sociales de la familia en la Universidad de Manitoba y Ron Ensom, que en el momento del estudio era trabajador social del Hospital Pediátrico del Este de Ontario en Ottawa, señalaron que se podría decir que sin excepción, el castigo físico se asocia con mayores niveles de agresión contra los padres, los hermanos, los pares y los cónyuges. De hecho, los niños que reciben azotes tienden a volverse más agresivos con el tiempo que los que no son maltratados.

Además, los autores informaron de que a largo plazo, el castigo físico se relaciona con graves problemas de salud mental, como adicciones, depresión o ansiedad.

Por otra parte, estudios recientes realizados con neuroimágenes muestran que el castigo corporal podría alterar partes del cerebro que se relacionan con el rendimiento en pruebas de coeficiente intelectual y aumentar la vulnerabilidad a la dependencia de las drogas o el alcohol.

El maltrato físico y psicológico contra los niños supone una verdadera lacra social contra la que debemos luchar todos. Aunque muchos padres no lo quieran admitir, según un estudio de 2010 de la Universidad de Carolina del Norte casi el 80 por ciento de los niños de preescolar de EE. UU. reciben cachetes, los azotes resultan muy perjudiciales para la salud de los niños a corto y a largo plazo. Toda violencia es deplorable y más aún cuando va dirigida hacia los más débiles y desprotegidos física y psicológicamente, como decía Ramón Soler en su artículo: “Aparte de un abuso desequilibrado de poder del adulto sobre el niño, el cachete conlleva un desprecio y una falta de respeto hacia una persona que no puede defenderse”.

Por cierto, la solución a los cachetes tampoco debe pasar por el conductismo basado en premios y castigos, como insinúa una psicóloga en el artículo de Medline.

El 25 de abril se celebró el Día Internacional Contra el Maltrato Infantil. Maltratar a un bebé, a un niño, es el acto más vil que se pueda cometer. Todos debemos luchar para evitar todo tipo de maltrato infantil. Todos podemos educar en la paz, la cooperación y la integridad, sólo tenemos que estar dispuestos a romper con nuestros viejos esquemas.

La felicidad de los niños es el verdadero bien de la humanidad.

Más información:

Ciencia y expertos: Excusas para pegar a mi hijo (IV)

Excusas para pegar a mi hijo (I)

Lenguaje y comunicación. Excusas para pegar a mi hijo (II)

Permisividad y respeto: Excusas para pegar a mi hijo (III).

-Physical Punishment of Children Potentially Harmful to Their Long-Term Development

http://www.sciencedaily.com/releases/2012/02/120206122447.htm

-Las nalgadas hacen que los niños tengan problemas, advierten los expertos

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_121622.html

-Joan Durrant and Ron Ensom. Physical punishment of children: lessons from 20 years of research. CMAJ, 2012 DOI: 10.1503/cmaj.101314

Texto: Elena Mayorga

El vínculo paterno

Desde el blog de Miriam Tirado, A flor de pell, os traemos un texto precioso que emocionará a los papás… y también a las mamás.

 

 

Cuando tenías casi un mes nos fuimos tres días fuera con tus abuelos. Tu padre tuvo que venir un día y medio más tarde. Era la primera vez que estaba tantas horas sin verte. Llegó el sábado por la noche y tú aún no dormías. Yo tenía muchas ganas de verlo, muchísimas, porque para mí también era la primera vez que me separaba de él después de tenerte y en aquellos momentos, en pleno postparto, yo sólo tenía ganas de estar juntos, los tres. Cuando llegó vino directo a verte. Yo te llevaba en brazos y enseguida te miró y te dijo: “Hola, preciosa… te he echado de menos”. Te cogió y te miró cara a cara. Abriste los ojos como platos y estuviste sin parpadear más tiempo del que nunca hubiera creído que era posible. Se te relajó la cara, dibujaste una sonrisa y fuiste llenándote de padre. Os hicisteis la mirada más larga y más intensa que he visto nunca. En silencio. Yo… sólo podía observaros, conmovida.

Ese día me di cuenta de lo fuerte que era vuestro vínculo a pesar de hacer sólo un mes que os abrazábais y que os veíais. Ese día me di cuenta que a pesar de que él no te llevó en su vientre, tú y él os conocíais desde hacía mucho tiempo… que el pensarte, el hablar de ti, el tocarte a través de mi barriga, el amarte desde tanto tiempo antes… había creado un vínculo sólido, profundo que entonces simplemente, se manifestaba.

Recuerdo cómo le costaba, al principio de tenerte en mi vientre, hablarte en voz alta. Estuvo tiempo poniendo la mano sobre mi barriga, con los ojos cerrados, diciéndote cosas en silencio, cosas que sólo él y tú sabéis. Fue a medida que te fue notando todo el cuerpo, a medida que fuiste creciendo y haciéndote más y más presente que perdió la vergüenza y comenzó a decirte cosas también en voz alta. A mí me encantaba ver cómo os comunicábais con la voz y el tacto a través de mi cuerpo…

Quiero que sepas que tu padre no ha dudado nunca de la fuerza de vuestro vínculo. Ni siquiera durante el largo período en que tú sólo querías a mamá, porque yo era tu todo, tu alimento, tu reposo, tu consuelo, tu paraíso donde te sentías protegida y feliz. Ni siquiera cuando empezaste a reclamarlo pero a ratos pequeñitos para jugar y enseguida volvías a mis brazos, dejó de saber ni un sólo instante como lo amabas. Ni cuando empecé a trabajar y tú llorabas porque no querías que me fuera y él tenía que acompañarte en esos momentos de rabia y tristeza, no dudó ni un segundo de que a él, también lo querías cerca.

Y es esto lo que ha hecho durante todo este tiempo. Estar. Estar cuando querías jugar sólo un momento, y también cuando querías y necesitabas su energía masculina para relacionarte de otra manera con otra persona. Él ha estado presente a tu lado acompañándote en los momentos de fusión conmigo, tu madre, respetando que era eso lo que necesitabas y querías, aceptando simplemente el momento, sin sentir que lo menospreciabas o que no te importaba.

Y ahora… que te has ido creciendo, que pronto cumplirás tres años… ahora tu amor por él, simplemente, ha explotado, manifestándose de la manera más enérgica y femenina. Ahora no encuentras a nadie tan guapo, tan fantástico, tan divertido y simpático como tu padre. Ahora lo quieres en todo momento, no quieres que se vaya a trabajar y cuando tiene fiesta el día es una fiesta. Aprovechas los ratos con él como si fueran los últimos y le dices una y otra vez cuánto le amas con besos, abrazos y con frases tan divertidas como “papá, creo que eres muy guapo”. Estás enamorada, de la misma manera que lo has estado de mí durante todo este tiempo.

Os he tirado muchas fotos, últimamente, porque un día, cuando seas mayor y leas estas palabras, puedas ver también la felicidad en su cara. Puedas ver lo feliz que es de ser tu padre, de estar a tu lado, y puedas ver, en sus ojos y los tuyos, lo fuerte que es vuestro vínculo. Como aquel sábado por la noche, en la mirada más larga e intensa que he visto nunca hacerse dos personas.

Curso “Construimos Matemáticas”

A falta de definir la fecha para el módulo 3 (9-12 años), os enviamos la información para el curso “Construimos Matemáticas”.

Como os adelantamos, los módulos 1 (3-6 años) y 2 (6-9 años) serán el sábado 26 de mayo y el sábado 9 de junio.

¡Esperamos que los disfrutéis!🙂

 

Cartel: Curso construimos matematicasportada

Programa: Temario curso

Información práctica (precio, inscripciones, etc.): tripticocursoconstruimosmatematicas

 

¿Qué decirle a un niño para prevenir los abusos?

Desde Bebesymas.

 

¿Qué decirle a un niño para prevenir los abusos?

Mireia Long

 

La idea de que alguien pueda hacerle daño a nuestros hijos es terrorífica, tanto que llegamos a rechazar pensar en ello y hablar a los niños de esa posibilidad. Sin embargo, al mantenerlos en la total ignorancia puede que los estemos poniendo en peligro. Pero, ¿qué decirle a un niño para prevenir los abusos?

Debo deciros que yo no era apenas consciente de que el abuso sexual en la infancia sucediera más allá de algunos casos terribles que podía leer en las noticias, hasta que, en grupos de madres, algunas fueron contando que los habían padecido en su infancia y que sentían que eso estaba perjudicando su vida todavía. Eran muchas más de las que podría haber pensado. Y no venían de familias problemáticas ni los abusadores eran, aparentemente, criminales peligrosos sino familiares o figuras cercanas con vidas y comportamientos adaptados y “normales”. La mayoría de ellas tardaron años en reconocer lo que les había pasado y en casi ningún caso lo contaron cuando les sucedió. Y las que lo contaron rara vez fueron creidas. Todavía sufren por el pasado y muchas tienen secuelas emocionales: terrores, ansiedad, problemas alimentarios, disfunciones sexuales, asco al dar el pecho, merma de su autoestima o dificultades para un contacto físico cercano.

Y cuando comencé a leer y a investigar me encontre con que el abuso sexual es una lacra casi invisible pero dolorosamente real. Por eso creo que es indispensable que los padres sepamos que existe y ayudemos a que nuestros hijos no se conviertan en víctimas. Podemos prevenirlo con información adecuada.

Las cifras del abuso sexual

Las cifras son escalofriantes. Hace un tiempo os contamos que un estudio publicado por la revista The Lancet consideraba que un 30% de las niñas y un 15% de los niños sufren algún tipo de abuso sexual durante su infancia o adolescencia.

Debemos ser conscientes que los abusadores existen, y me refiero al abuso sexual. También tenemos que saber que el abuso se produce, generalmente, por parte de alguien del entorno más cercano del niño, en la familia o entre conocidos en los que sus padres confiaban.

Los abusadores puede que busquen profesiones o actividades que les permitan estar en contacto con los niños a solas y ejercer como figuras de autoridad para ellos. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, no vamos a poder identificarlos a primera vista; es más, cuando se les descubre la gente del entorno suele describirlos como encantadores o inofensivos.

Por eso es especialmente vital que la víctima sepa identificar si sufre una agresión aunque sea fugaz o disimulada por parte de un abusador. Pues existen, eso es evidente, y posiblemente hasta conocemos a alguno sin saberlo, igual que seguro que conocemos a adultos que sufrieron abusos y a niños que los sufren.

Si estas cifras son ciertas mirar a los niños de nuestro entorno causa angustia. No solo si pensamos en el riesgo real, que ahora vamos a intentar evitar, sino también si reflexionamos sobre los casos que se pueden estar desarrollando. Incluso sabiendo que en el análisis se incluen todas las formas de abuso sexual en la infancia y adolescencia, no solo las violaciones, siguen pareciéndome terribles.

Está ahora juzgándose en España un caso contra varios presuntos abusadores acusados de violaciones a menores reiteradas durante años, algo que los niños callaban hasta ahora y me ha hecho pensar en lo que los padres podemos hacer para prevenir que nuestros hijos puedan ser víctimas de los monstruos que hacen esas cosas.

Prevenir los abusos sexuales

Quizá es imposible evitar todos los abusos, pero sin duda es posible prevenirlos. Para hacerlo hay dos cosas que podemos hacer: ser nosotros vigilantes y además, enseñar a los niños que el abuso existe y que nadie puede tocarlos de forma inadecuada.

A los niños hay que explicarles que lugares de su cuerpo y que formas de tocarlos no son correctas y enseñarles que, si alguien hace algo que les incomoda, deben salir corriendo inmediatamente y no aceptar el contacto físico indeseado. Eso pasa incluso por no obligarles a darle besos a alguien si no quieren, pues de ese modo se sienten dueños de sus cuerpos y saben que nadie puede forzarlos a hacer algo que no quieran.

Hay que explicarles, en la medida de su comprensión, que hay personas que, incluso pareciendo muy buenas, nos pueden engañar y tratar de hacerles daño o tocarlos de forma indebida. Nadie, nadie, puede tocarlos o acariciarlos de forma que no les guste. Puede que eso haga que rechaze abrazos de alguien que es inofensivo pero eso reforzará su confianza en que tienen derecho a decir que no.

También, por supuesto, hay que enseñarles que no deben irse con extraños, sea porque les piden ayuda para buscar un cachorrito o les ofrezcan un juguete o una golosina. Pero, por supuesto, ni todos los extraños van a querer hacerles daño, ni todas las personas conocidas o de confianza son seguras.

La norma de no estar solos y no irse con desconocidos es fundamental. Deben gritar y huir si alguien quiere llevárselos y tirarse al suelo pataleando y chillando si los agarran. Pero, cuando se trata de personas conocidas de su entorno el asunto es más delicado, pues pueden tratar de engañarlos o asustarlos para que sean dóciles o callen lo sucedido.

Por eso, siempre debemos reiterarles que confiamos en ellos y que deben contarnos cualquier cosa mala que les suceda, pues creeremos en ellos y los defenderemos, incluso si la persona que los ha dañado es muy cercana a nosotros.

Un consejo general, de todos modos, sería no dejar a nuestros hijos a solas con nadie en quien no confiemos absolutamente (ni familia, ni amigos, ni cuidadores, ni figuras con autoridad espiritual, ni maestros ni entrenadores o monitores) pues los abusadores aprovechan cuando el niño está desprotegido e, incluso así, estar abiertos a percibir signos de abusos y reiterándole a nuestro hijo a menudo que nadie puede tocarles indebidamente y que, si algo extraño les sucede, deben contárnoslo inmediatamente y los salvaremos.

Miedo en los niños

Tenemos que ser conscientes de que contarles esto a los niños puede causarles miedo y preocuparlos. La idea no es que vivan aterrorizados o desconfiando del mundo, ni pensando que todos son malvados, pero si que conozcan la realidad para poder enfrentarse a ella y evitar ser víctimas.

Vivir con miedo no los va a proteger, pero si el saber como actuar si la situación se presenta. Es decir, les estamos dando armas y protegiéndolos al contárselo.

Hay explicar las cosas poco a poco y desde pequeños, cuando no entienden que es el abuso, y enseñarles a ser dueños de sus propios cuerpos y a tener confianza absoluta en nosotros les digan lo que les digan o los amenacen con lo que les amenacen. Podemos prevenir que sean víctimas del abuso sexual hablando con ellos.

Colecho: ¿Es malo compartir la cama con el bebé?

Nos llega vía Una maternidad diferente la opinión del comité de lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría sobre el colecho:  http://enfamilia.aeped.es/edades-etapas/colecho

 

Colecho: ¿Es malo compartir la cama con el bebé?

La manera de dormir de los mamíferos se ha visto determinada, tras miles de años de adaptación, para garantizar su supervivencia. Los humanos, al ser muy dependientes durante el primer año de vida, tratan de estar cerca de su cuidador, casi siempre la madre. Ésta representa la fuente de alimento, calor, protección, consuelo y soporte a las necesidades del recién nacido.

El hecho de que el bebé se despierte con facilidad y llore porque tenga hambre o quiera contacto físico, disminuye el riesgo de que sufra bajadas del azúcar corporal (hipoglucemia) y asfixia (apnea). Por otro lado, la leche materna facilita que el niño coja el sueño, en parte debido a que contiene una sustancia (triptófano) que ayuda a dormirse.

En toda la historia de la humanidad los niños han dormido con sus padres. Esta práctica se llama colecho cuando se comparte la misma cama. El contacto continuo favorece el desarrollo del vínculo afectivo, el bienestar del bebé, el desarrollo neuronal y la capacidad de respuestas adecuadas ante situaciones de estrés. Estudios recientes demuestran que la cercanía del niño y la madre facilita el mantenimiento de la lactancia materna y que ésta tiene un efecto protector frente al síndrome de muerte súbita del lactante. También se sabe que el colecho es más frecuente en los niños alimentados al pecho, que en los que reciben lactancia artificial.

Cuando el niño crece, va cambiando su manera de dormir. A medida que se hacen mayores, los bebés se despierten más por la noche (no menos, como muchos piensan). Cuando el niño tiene alrededor de un año de edad, el grado de desarrollo alcanzado por su cerebro le permite tener pesadillas que le despiertan asustado y a veces agitado. En ese momento, el niño busca refugio y consuelo junto a sus padres, en quienes tiene depositada su confianza afectiva. Hay que conocer los patrones normales de sueño para aceptarlos mejor. También hay que saber que no hay soluciones mágicas para evitar los despertares nocturnos y que el sentido común debe primar.

La decisión de dormir con sus hijos ha de ser una opción de los padres. Tal decisión va ligada a la cultura y a los deseos de cada familia sobre la relación con sus hijos. A los profesionales de la salud, médicos, pediatras y enfermeras les corresponde reforzar este tipo de práctica, dando información sobre ciertas circunstancias que pueden suponer un riesgo para los niños si se practica el colecho, principalmente entre los menores de 6 meses de edad.

Recomendaciones a la hora de dormir:

  • El bebé debe dormir siempre boca arriba.
  • Sobre una superficie firme, sin almohadones, cojines ni peluches. Ni en un sofá estrecho.
  • Evitar arropar al niño en exceso (mantas o frazadas gruesas).
  • No dormir en la misma cama si los padres fuman.
  • Tampoco se debe practicar colecho si los padres consumen alcohol, drogas o medicamentos que disminuyan su capacidad de respuesta.
  • Si concurre alguna de estas circunstancias, el niño no debe dormir en la cama de los padres, sino en la misma habitación con la cuna al lado de la cama o en una cuna tipo “side-car” (superficie independiente adosada a la cama de los padres).

Artículo elaborado por el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría

 

“Todos los niños pueden ser Einstein”

Desde el fantástico blog Aprendiendo matemáticas

 

Hoy os propongo esta entrevista a Fernando Alberca, profesor de secundaria autor del libro “Todos los niños pueden ser Einstein”, publicada en La Contra de La Vanguardia.

Excepto la historia de Einstein (creo que se exagera demasiado su fracaso escolar), en lo demás, no puedo estar más de acuerdo con el profesor Alberca.

Me interesa mucho compartir con todos vosotros la opinión de personas que creen en el factor emocional del aprendizaje. Según mi experiencia, sin emoción ni motivación no se puede aprender.

 

¿Todos los niños pueden ser Einstein?

Tus hijos pueden alcanzar cualquier logro intelectual.

Pero Einstein… ¡eso es picar muy alto!

Einstein fue carne de fracaso escolar hasta los 15 años. “Mortalmente lerdo”, diagnosticó de él una profesora. “No está preparado para aprender, no llegará a nada”, dijo otro.

¿Tan desastroso era?

Su propia madre decía que era retrasado mental. Hasta los nueve años no habló bien.

¿Qué le pasó para pasar a ser genial?

Lo que puede pasarle a cualquiera: motivación y método. Motivación: pese a haber suspendido, un profesor le invitó a asistir gratis a sus clases. Por primera vez, sintió que le valoraban, que creían en él. ¡Sintió cariño!

¿Asistió Einstein a esa clase?

Tuvo que irse a otra escuela. Pero allí un profesor de historia hizo lo que nadie antes: pedirle opinión sobre las cosas.

¿Esto motivó a Einstein?

Sí. Si sientes que confían en ti, ¡te creces, para ser merecedor!

¿Y qué es eso del método?

Usó el hemisferio derecho para resolver problemas del izquierdo. Visualizaba una solución, y su esposa le ayudaba a formularla matemáticamente. Pero era el hemisferio derecho, el intuitivo y creativo, el que resolvía, no el izquierdo, el matemático.

Yo lo pasé fatal con las matemáticas.

Tus profesores no valoraron el uso de tu hemisferio derecho: podrías haber acabado encontrando la solución, pero no te dieron tiempo. Todos los escolares pueden ser motivados y todos pueden triunfar.

Cada uno nace con su inteligencia…

El coeficiente de inteligencia es innato, permanece inalterable… y no sirve para nada. ¡Lo determinante es la motivación!

¿Cómo motiva usted a sus alumnos?

Les digo que todos pueden sacar un 10 conmigo. A partir de ahí, ¡un 5 les parece poco!

¿Tan fácil?

La escuela pone el foco en la sanción, fomenta el miedo al error. Debería ponerlo en el acierto. Y en la creatividad. Pregunté a mis alumnos: “De ocho caracoles de una cesta, salen tres, ¿cuántos quedan?”.

Cinco, le dirían.

“Ocho –respondió uno–, porque han salido del caparazón, ¡pero no de la cesta!”. ¡Es una respuesta que no debería ser penalizada!

Entre tanto, 30% de fracaso escolar.

Nuestra escuela parece reñida con la inteligencia. ¡Es imposible que haya un 30% de tontos! Desconfiamos de los alumnos, los educamos para evitar el fracaso y no para tener éxito. ¡Aprendamos a jugar al éxito!

¿A usted le funciona?

Desde 1993 sólo he tenido que suspender a dos alumnos. Me han reñido por aprobar tanto. ¿Por qué? ¿No está bien lograr estimular a los alumnos para que triunfen?

Pues aconseje a sus colegas profesores.

Sabed ser el jefe de la camada. Alguien a quien los alumnos quieran seguir. Que noten que tú les ayudarás a mejorar.

¿Algo más?

Sí: no olvidéis la grandeza de este oficio. Centraos en los por qué y para qué más que en los cómo. Y usad lo que hoy se sabe acerca del aprendizaje.

¿Qué se sabe?

Que somos animales emocionales, y que una simple mirada aprobatoria de un profesor… estimulará al alumno. ¡Sólo educa quien quiere a alguien! Si queréis a vuestros alumnos, educaréis. Si no, no.

Nada estimula más a un alumno que el afecto, me quiere decir.

Es así. Sonríe… y exige. Si tu hijo detecta que confías en él, querrá superarse. A los niños les atrae el reto, la heroicidad.

Los padres, ¿debemos ayudarles o no a hacer los deberes?

Si tu niño puede abrocharse el abrigo, no se lo abroches tú. Oriéntale en los deberes, pero dile que sabes que él los resolverá. Si se los resuelves tú, le enseñas a ser incapaz.

Si pudiera imponer una sola reforma escolar, ¿cuál sería?

Dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir!

¿Y nada más?

¡Nada hay más decisivo! Si están bien avezados en la lectura, podrán estudiar lo que quieran: se abren la puerta a todos los conocimientos. Y cuantas más cosas aprendan leyendo, ¡más inteligentes serán!

¿No es al revés?

“El aprendizaje es experiencia, el resto es información”, dijo Einstein. No aprendes cosas porque eres inteligente: aprender cosas te hace inteligente.

¿Y feliz?

Si de verdad eres inteligente, serás feliz.

¿Ah , sí?

La inteligencia consiste en resolver problemas, y el problema más difícil es ser feliz.

¿Puedo enseñarles a mis hijos cómo vivir felices?

Enséñales a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias. Y a amar de verdad.

¿Cómo se ama de verdad?

Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere.

¿Haciendo eso nuestros hijos sean inteligentes y felices?

Dependerán menos de los azares y serán capaces de lo que se propongan. Y lo inteligente podría ser proponerse no estudiar una carrera.