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El vínculo paterno

Desde el blog de Miriam Tirado, A flor de pell, os traemos un texto precioso que emocionará a los papás… y también a las mamás.

 

 

Cuando tenías casi un mes nos fuimos tres días fuera con tus abuelos. Tu padre tuvo que venir un día y medio más tarde. Era la primera vez que estaba tantas horas sin verte. Llegó el sábado por la noche y tú aún no dormías. Yo tenía muchas ganas de verlo, muchísimas, porque para mí también era la primera vez que me separaba de él después de tenerte y en aquellos momentos, en pleno postparto, yo sólo tenía ganas de estar juntos, los tres. Cuando llegó vino directo a verte. Yo te llevaba en brazos y enseguida te miró y te dijo: “Hola, preciosa… te he echado de menos”. Te cogió y te miró cara a cara. Abriste los ojos como platos y estuviste sin parpadear más tiempo del que nunca hubiera creído que era posible. Se te relajó la cara, dibujaste una sonrisa y fuiste llenándote de padre. Os hicisteis la mirada más larga y más intensa que he visto nunca. En silencio. Yo… sólo podía observaros, conmovida.

Ese día me di cuenta de lo fuerte que era vuestro vínculo a pesar de hacer sólo un mes que os abrazábais y que os veíais. Ese día me di cuenta que a pesar de que él no te llevó en su vientre, tú y él os conocíais desde hacía mucho tiempo… que el pensarte, el hablar de ti, el tocarte a través de mi barriga, el amarte desde tanto tiempo antes… había creado un vínculo sólido, profundo que entonces simplemente, se manifestaba.

Recuerdo cómo le costaba, al principio de tenerte en mi vientre, hablarte en voz alta. Estuvo tiempo poniendo la mano sobre mi barriga, con los ojos cerrados, diciéndote cosas en silencio, cosas que sólo él y tú sabéis. Fue a medida que te fue notando todo el cuerpo, a medida que fuiste creciendo y haciéndote más y más presente que perdió la vergüenza y comenzó a decirte cosas también en voz alta. A mí me encantaba ver cómo os comunicábais con la voz y el tacto a través de mi cuerpo…

Quiero que sepas que tu padre no ha dudado nunca de la fuerza de vuestro vínculo. Ni siquiera durante el largo período en que tú sólo querías a mamá, porque yo era tu todo, tu alimento, tu reposo, tu consuelo, tu paraíso donde te sentías protegida y feliz. Ni siquiera cuando empezaste a reclamarlo pero a ratos pequeñitos para jugar y enseguida volvías a mis brazos, dejó de saber ni un sólo instante como lo amabas. Ni cuando empecé a trabajar y tú llorabas porque no querías que me fuera y él tenía que acompañarte en esos momentos de rabia y tristeza, no dudó ni un segundo de que a él, también lo querías cerca.

Y es esto lo que ha hecho durante todo este tiempo. Estar. Estar cuando querías jugar sólo un momento, y también cuando querías y necesitabas su energía masculina para relacionarte de otra manera con otra persona. Él ha estado presente a tu lado acompañándote en los momentos de fusión conmigo, tu madre, respetando que era eso lo que necesitabas y querías, aceptando simplemente el momento, sin sentir que lo menospreciabas o que no te importaba.

Y ahora… que te has ido creciendo, que pronto cumplirás tres años… ahora tu amor por él, simplemente, ha explotado, manifestándose de la manera más enérgica y femenina. Ahora no encuentras a nadie tan guapo, tan fantástico, tan divertido y simpático como tu padre. Ahora lo quieres en todo momento, no quieres que se vaya a trabajar y cuando tiene fiesta el día es una fiesta. Aprovechas los ratos con él como si fueran los últimos y le dices una y otra vez cuánto le amas con besos, abrazos y con frases tan divertidas como “papá, creo que eres muy guapo”. Estás enamorada, de la misma manera que lo has estado de mí durante todo este tiempo.

Os he tirado muchas fotos, últimamente, porque un día, cuando seas mayor y leas estas palabras, puedas ver también la felicidad en su cara. Puedas ver lo feliz que es de ser tu padre, de estar a tu lado, y puedas ver, en sus ojos y los tuyos, lo fuerte que es vuestro vínculo. Como aquel sábado por la noche, en la mirada más larga e intensa que he visto nunca hacerse dos personas.

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La madre que somos y la madre que queremos ser

Desde el blog de Ileana, Tenemos Tetas, nos traemos un post que nos ha removido… nos reconcilia con nosotras mismas y nos invita a dar una patada a los sentimientos de culpa.

http://www.tenemostetas.com/2011/11/la-madre-que-somos-y-la-madre-que.html

Os recomendamos pasaros por el blog original a leer los comentarios.

 

 

La madre que somos y la madre que queremos ser

Por Ileana Medina Hernández

Acabo de recibir la carta desesperada de una amiga, de una mujer inmensa, luchadora y maravillosa, madre de dos niños hermosísimos de pocos años.

Y esta es su carta, la carta que cualquiera de nosotras podríamos haber escrito en algún momento de nuestra maternidad.

Conmovida, removida y sacudida, intento, desde la distancia, ofrecer a mi amiga lo único que puedo: mis palabras.

Y le he pedido poder compartirlas también con todas mis lectoras y lectores, con todas mis amigas de la red, con todas las madres del mundo que muchas veces sentimos que flaqueamos. Gracias, muchas gracias por acceder a que sea publicada.

CARTA DE UNA MADRE CUALQUIERA

«Hola Ileana. No se por dónde empezar. Igual pidiendo disculpas por confiar en ti. Curioso que quiera saber tu opinión y criterio en algo tan delicado como lo que voy a contarte, pero la quiero saber. No me sirven juicios ni opiniones de las mujeres que me rodean porque la conozco de antemano y no tienen nada que ver conmigo en mi forma de entender y vivir la maternidad.

Estoy viviendo algo así como una crisis de maternidad, si es que eso existe. Me siento angustiada y culpable por ello. No tolero a mis hijos, no les disfruto. Pierdo la paciencia enseguida, me cuesta empatizar, conectarme con su mundo, me molestan sus gritos, sus peleas constantes, sus llantos, sus exigencias, sus demandas. Cuento las horas para que se duerman, no juego con ellos, no les escucho, no les abrazo.

Siento a ratos que me ahogo y sólo quiero llorar. Me falta la energía y añoro un poco de silencio, de serenidad. El día empieza temprano y ahí mismo los conflictos, las peleas, los accidentes, los “no quiero”, “no, no y no”, los “porque yo lo quiero”, sus pequeñas tiranías. Lavarse las manos para comer es una cruzada digna de un ejército, lavarse los dientes, meterse en el agua, lavarse el pelo, recoger la ropa del suelo, no tropezar con los miles de juguetes esparcidos a cientos por todo el suelo, y así, inventando cada segundo qué hacer para canalizar toda esa energía pasan horas y horas, sin un minuto para mi, sin un minuto para leer una hoja de un libro, escribir a una amiga, llamar por teléfono, cruzar tres frases seguidas con mi marido, hasta las once de la noche donde todo se vuelve aún más dificil por el efecto del cansancio. Y luego está el resentimiento de mi pareja, que me exige la perfección, la paciencia, la dulzura, la compresión, la contención, la improvisación, la fuerza que siento que no tengo, que tal vez no poseo.
 
Y me traslado a un lugar oscuro donde lo peor de mí misma aflora y veo a una madre incompetente, que no sabe dar lo que los otros necesitan, profundamente imperfecta, llena de agujeros por donde se escapa la que quiero ser, la que aspiro a ser, pero obviamente no soy. Miro hacia afuera y veo el pais de las maravillas: madres seguras, amorosas, llenas de recursos, pura poesía. Te veo a ti, por ejemplo, enamorada de tu hija, percibiéndola aún como el mayor regalo que te ha hecho la vida, disfrutándola. Y me pregunto qué me está pasando, qué coño se me está rompiendo por dentro y cómo hago para salir de esta sensación de asfixia. En fin Ileana, también entendería que ni contestaras, a veces determinados ejercicios de desnudez emocional resultan soeces para quienes los reciben. Un abrazo.»

Mi respuesta:
LA ACEPTACIÓN COMO ÚNICA VÍA DE SANACIÓN
Querida M:
Aunque las noticias no sean buenas, no sabes lo que me conmueve y me remueve tu confianza. Gracias.
Vamos a ver si puedo ayudarte en algo,  intentando ir por partes.
Lo primero: una madre necesita ser sostenida para poder sostener a sus hijos. Estás sola, estamos muy solas. El sostén que recibimos en nuestra infancia, a ojos vistas fue muy insuficiente para servirnos hoy. El que recibimos hoy sigue siendo insuficiente: no familia, no tribu, no amigas, solo un marido que a duras penas llega de noche a casa, con el pan de cada día y las facturas pagadas. “Patrocinador” llamo yo al mío a veces, medio en broma medio en serio. Llegará el día en que los dos podamos trabajar cada uno 4 horas, y el resto dedicarlo a la familia, pero todavía el sistema laboral es decimonónico. Lo que te pasa: la niña desamparada, rabiosa y necesitada que fuiste, sigue estando ahí, y aflora precisamente cuando más fuerzas necesitas. No las hay, simplemente, y hay que aceptarlo.
Lo segundo: qué fácil es para tu marido salir a trabajar 8 horas y volver a casa, y esperar que tú hayas tenido las toneladas de paciencia y de dulzura necesarias. Qué fácil es para él (como para mí, como para ti) saberse tan bien la teoría. Y no digo que no sea una persona maravillosa, que también lo es. No se trata eso. Se trata de energías emocionales para estar día tras día 24 horas  amorosamente con los niños: no las tenemos. Necesitamos apoyo, como dice Laura Gutman, una madre sola, la familia nuclear, no es buena para criar hijos. Necesitamos una tribu amorosa y sostenedora (tampoco depredadora como han sido muchas veces las familias hasta ahora).
Por eso, quizás, mi hija va al colegio. En el fondo de mi inconsciente, y cada vez más consciente, sé que yo no puedo permanecer 24 horas con ella y que todo fluya, darle todo lo que necesita. No, yo sola no puedo. Por eso, quizás piensas en el fondo si no debes escolarizar a los tuyos. Yo sé que no sirvo para homeschooling, no tengo la disponibiildad, la paciencia, la capacidad organizativa para estar con mi hija en casa, al menos desde dentro de este sistema, en la casa y en las condiciones en que vivo. Todavía si pudiera largarme a estar tirada todo el día en una playa del Caribe… descalzos y corriendo por la naturaleza… a lo mejor…
Por eso, todo el mundo hace lo que mejor puede en sus circunstancias. También el que escolariza pronto, la que no da la teta, la que aplica el Estivill… porque si se auto-exigiera más, no puede, enloquecería o maltrataría todavía más.
Por eso, tenemos que dejar de pretender ser perfectos, y aceptar que nuestros hijos van a un colegio, que no es ideal, que tiene miles de fallos, que el sistema educativo es caduco y necesita un revulsivo urgente… pero que dentro de eso, intentaremos darles lo que el sistema no les puede dar. O que ven la tele más de lo que debieran, o que comen más chuches de lo que deberían…


Aceptar que no podemos llegar a donde teóricamente vislumbramos que podríamos o deberíamos llegar, que la perfección no existe, que en todas las familias hay basura bajo la alfombra, y que bastante hacemos con cobrar conciencia de tantas cosas… pero que de ahí a ir sanando las nuestras hay un largo camino por recorrer, que nos llevará toda la vida. Abrazar nuestra sombra como tú lo has hecho, es el acto verdaderamente sanador. 
Negar que los niños necesitan teta, tiempo, compañía, disponibilidad, juego, compañía para dormir… es el camino inconsciente que la gente utiliza para no reconocer que en realidad lo que sucede es que no estamos en condiciones de ofrecérselo, que no tenemos la disponibilidad emocional necesaria. Que ni nosotros individualmente, ni nuestras familias, ni nuestra sociedad está organizada y preparada para ofrecer todo ese confort que los niños necesitan.
Aceptar que sí, que todos los bebés y niños pequeños necesitan eso, es el primer paso para la sanación sincera de nuestra maternidad y nuestra crianza. Ése ya lo hemos dado, al menos a nivel personal. Falta darlo a nivel social.
Pretender que somos superwoman, heroínas, todo el tiempo enamoradas de nuestras crías y con una sonrisa en el rostro para jugar con ellos, para satisfacer sus demandas, para no levantar la voz, para llenar el agujero negro de amor que chupan todo el día… para estar todo el día disponibles para ellos, para el marido, para nuestros jefes, para la suegra y para las vecinas, es también falso e imposible.
Aceptar esto, es el segundo paso para la sanación de sincera de nuestra maternidad y nuestra crianza.
Sólo desde la aceptación simultánea de esas dos realidades, se produce la toma de conciencia y podemos avanzar. Tanto la negación de la verdad (“nuestros bebés no nos necesitan”) como el autoengaño (“qué perfecta soy, qué bien lo hago”) son neuróticos y peligrosos. En esa humildad, en esa conciencia, creo que comienza la cura, la posibilidad de reubicarnos y de construir una maternidad legítima, con más felicidad, desde ahí quizás recobremos la energía necesaria.
Reconocer nuestra humanidad, aceptar nuestras limitaciones, y confiar en que aún así lo que ofrecemos a nuestros hijos es mucho, es todo lo que somos capaces, que estamos en el camino, que les estamos dejando una herencia psico-emocional mejor que la que nosotros recibimos, nos permite darnos un respiro, dedicarnos unos momentos para nosotras, pararnos para recuperar fuerzas, recuperar nuestra dignidad y nuestra autoestima maltrechas, y seguir andando hacia ese lugar mejor donde estamos seguras podemos llegar. Mañana mejor que hoy.
Nuestros hijos deben saber también que somos humanas, que no somos perfectas, que se nos acaba la paciencia, que flaqueamos, que nos enfadamos sin querer, que pedimos perdón cuando los tratamos mal a nuestro pesar… para que ellos puedan permitirse también flaquear, enfadarse, o entristecerse, expresarlo, y pedir ayuda.
Intenta buscar tribu, en casi todas las ciudades están surgiendo grupos de apoyo a la crianza, grupos de madres amorosas que podemos apoyarnos unas a otras. Quizás puedas acercarte con los niños por las mañanas y cambiar aires, recibir energías.
Y aquí estoy, para lo que necesites y desde aquí pueda ayudarte.
Un abrazo inmenso, hondo!!! A ti, y contigo a me abrazo a mí misma, a todas las madres, mujeres, padres y  hombres del mundo 🙂

Un día típico en una casa típica de una típica mamá, por Mónica

Un texto para conservar, por Mónica de Felipe en Grupo Maternal :

http://grupomaternal.blogspot.com/2009/06/un-dia-tipico-en-una-casa-tipica-de-una.html

 

Un día típico en una casa típica de una típica mamá, por Mónica

 

A las 8 de la mañana él ha salido por la puerta y ella, en sueños, ha escuchado el portazo que le avisa de un nuevo día. El niño se despertó para mamar a las seis de la mañana y dormirá hasta las nueve. Ahora le gustaría levantarse de la cama, pero sabe que si hace el gesto de levantarse, su pequeñuelo, que está dormido acurrucado junto a ella, se despertará y le demandará teta hasta que vuelva a dormirse. A ella le duele la cadera porque debe dormir sobre un único lado para que el bebé pueda mamar cuando lo necesita. Así que se queda allí, en la cama, medio dormida, esperando los gestos del bebé. Está cansada, agotada de no dormir de tirón y su espalda le da calambres cada vez que cambia de postura, el chiquitín ya pesa casi seis kilos…
A las nueve el bebé comienza a dar golpecitos con sus manos y pies y con gorgoritos divertidos la llama. Ella le sonríe y siente que el mundo se esponja en esa cama, con la ternura de ese niño. Juegan un rato juntos, y al final, el bebé demanda teta. La madre le da el pecho y siente una punzada de hambre en el estómago: unas tostadas y un café con leche… solo pensar en la comida le da aún más hambre. Pero sigue dando la teta, cambiando el pañal, vistiendo al bebé… hasta las diez y veinte. Se dirige a la cocina. Aún están los platos sucios de la cena de anoche. No queda pan y hay que hacer café. Ya no podrá desayunar tostadas. Intenta dejar al bebé en el canasto un minuto para poner una cafetera pero… imposible. El bebé llora al momento. Un momento, bonito, es un minuto… parece que va a ser un día duro. Pero por fin puede poner la cafetera. Coge al bebé en brazos de nuevo (que no ha parado de llorar ni un segundo) e intenta lavarse los dientes con él. Imposible. Al menos necesito hacer pis, le dice al pequeño que en el capazo, al lado del water llora a moco tendido.
Al final, se sienta en el sillón con el bebé en brazos que se calma poco a poco y, eso sí, enganchado al pezón. Espera que se duerma. Mira el reloj: son las 11:30, lleva despierta desde las 8 y solo ha conseguido hacer pis y poner una cafetera. Ahora tendría que calentar la leche y tomar el desayuno con una galleta. Parece que no se duerme, así que decide ir a la cocina y hacerlo con el bebé en brazos. No es tarea fácil. Al fin lo consigue y puede tomarse un café con leche y un par de galletas. A las doce el bebé se duerme en sus brazos y prueba a dejarlo en la cuna para poder recoger un poco la casa, o lavarse los dientes, comienza a fantasearla mamá… nada más dejarlo en la cuna, el bebé abre los ojos y llora con tanto estruendo que la mamá lo recibe en sus brazos y pasa el resto de la mañana sentada en el sillón con el bebé encima. De repente le gustaría tener la manicura hecha, o haber ido a la peluquería (su imagen esta mañana ante el espejo le pareció lamentable…) y se siente incómoda y absurda en pijama y bata a la una de la tarde. El pijama está manchado por la leche de sus pechos, no puede moverse, no ha desayunado, no se ha aseado, no ha hablado con nadie en toda la mañana, no ha visto a nadie excepto al bebé, siente un vacío inmenso en el pecho y… comienza a llorar.
Cuando, a las dos, llega el padre, cansado de trabajar y esperando encontrar a su pareja y su hijo recién nacido la situación es:
– la mujer lo espera a él para que cocine, sostenga al niño unos minutos para lavarse los dientes o darse una ducha y mecerla emocionalmente.
– El hombre llega agotado de la calle y le gustaría sentarse, abrir una cerveza y leer el periódico rodeado por la armonía que proporcionan la mujer de la que esta enamorado y el hijo que tanto ha deseado.
– El niño no espera nada, solo pide lo que necesita y si lo recibe, entonces, por él, todo bien.La situación real es:
– El hombre se pone de mal humor porque tiene que fregar los platos de la cena, hacer la comida y ordenar mínimamente la casa.
– La mujer está en crisis pero no consigue explicar qué le pasa ni siente, sin embargo espera que él lo sepa y le ayude.
– El no sabe por qué ella llora.
– Ella no sabe por qué el se enfada tanto.
– El niño sigue pidiendo lo que necesita y si se lo dan, esta bien.
– A ella le parece menos trabajo estar fuera de casa que dentro con un niño en brazos durante toda la jornada y las noches sin dormir: al fin y al cabo el sigue con su vida y ella no.
– A él le parece que no es para tanto estar en casa cuidando de un bebé y que ella se queja mucho.

Lo cierto es que cuidar a un bebé recién nacido significa:Para la mamá:

– Que has de dejar de ser tú para convertirte en nosotros (en esa diada mamá-bebé).
– Que el ego ha de empequeñecerse hasta límites insospechados cuando eres mamá: quitas cacas, tu cuerpo es usado para el alimento del otro, no hay tiempo para ti, tus intereses no cuentan. Es decir, que a partir de este momento, tú no eres la importante (el importante es el bebé); y que tienes que enfrentarte, por primera vez en tu vida, a dar y no a recibir.
– Si has sido una mujer profesionalmente activa (y con puestos de responsabilidad) estos atributos poco o nada te sirven en este rol.
– Hay un cambio de valores: lo importante es lo importante y, por primera vez, también lo urgente, con lo cual no podemos mirar hacia otro lado. Aunque hayamos pensado siempre que era importante el desarrollo personal y sanar las heridas emocionales de la infancia, nos la hemos arreglado para ir escapando por las obligaciones laborales, sociales, etc. Ahora no queda más remedio que mirar: lo urgente y lo prioritario van de la mano. De repente es importante comprender qué me pasa por dentro y por qué, saber que mecanismos operan en mi mente y mis sentimientos.
– Es el momento de depurar, limpiar, actualizar lo que no hayas actualizado hasta ahora.
– La actualización implica vivir el dolor escondido y ser conscientes de quien somos realmente.
Para el papá:
¿Por dónde transita él, mientras el bebé mama y la mamá llora? El papá debe recorrer el camino que lo lleve a la humildad y de allí a la aceptación. La humildad para considerar que en este momento de la historia a él le toca dar y no recibir; que ha de entregarse para apoyar emocionalmente a una compañera recién convertida en madre que, por un tiempo, va a dejar de enfocarse en la pareja con la fuerza que lo hacía antes; y a la aceptación de que la realidad no se asemeja a sus ensoñaciones de familia feliz y armónica. Sus ilusiones y expectativas en esta situación no suelen corresponderse con la realidad. Otra vez, el ego de un adulto ha de encogerse, como el de la madre, y trabajar para poder aceptar lo que hay. Es decir, comenzar el camino de trabajo interior que le lleve a:1.- Poder establecer junto a su pareja una comunicación no violenta. En vez de una lucha de poder para conseguir la atención del otro y poder así satisfacer nuestras carencias emocionales, la relación de pareja puede convertirse en un espacio de encuentro en el que no sea necesario que ninguno reclame nada del otro, porque, sencillamente cada uno se encuentra satisfecho emocionalmente y ofrece al otro amor, sin necesidad de que éste pida.
2.- Apoyar emocionalmente a la madre (abrazar, empatizar, comprender, colaborar, escuchar…)
3.- Trabajar sus aspectos menos desarrollados: Trabajar la ira interior, su relación con el compromiso en las relaciones personales, dar a luz a su paternidad (reflexionar qué significa ser padre ahora), limpiar y sanar el pasado para situarse en un presente pleno.Es decir, para ambos, la mamá y el papá, asumir la nueva estructura familiar implica que deben reducir el ego. El ego, ese compañero de viaje al que estamos tan acostumbrados, de repente, se vuelve nuestro mayor enemigo. El ego es el que se resiste a adaptarse a la nueva situación. El ego es quien discute, quien pretende llevar razón, el que se siente culpable, o el que culpa al otro, es el que se considera víctima o verdugo, el que manipula o se deja manipular por el otro. El ego es quien no acepta a los demás como son, quien pretende que todos cambien, quien se justifica. El ego es la voz que dice: lo quiero todo, lo quiero ahora, ahora o nunca, siempre o jamás. Dado que nuestros hijos no nos van a necesitar siempre con la intensidad de los primeros años, el ego es el que nos impide tener la cintura suficiente para aceptar que, en este momento de nuestra vida, nuestra misión es cuidar de otro ser humano con todo el amor disponible, retrasando, por el momento, otras facetas de nuestra existencia, quizá igual de importantes para nosotros, pero que impedirían la experiencia completa de la maternidad y de la paternidad.

Así, hay parejas que, ante la llegada de un hijo, se las arreglan para seguir como si nada hubiese tocado sus vidas: mismos horarios, hobbies, misma relación de pareja que antes… en seguida hay quien críe de la criatura (niñera, guarderías, ludotecas, abuelos…); pronto, viajes románticos de pareja sin niños; en seguida gimnasio para ellas con la finalidad de borrar las huellas del embarazo cuanto antes; salidas nocturnas… En este caso, la pareja se ve poco afectada, no hay crisis, pero tampoco crecimiento ni reflexión. Hay otras parejas, en cambio, para las cuales la llegada de un niño es profundamente desconcertante, desequilibrante. La llegada del niño nos sacude, nos zarandea, nos deja al filo del abismo. Es desde esta posición, incómoda pero creadora, que podemos crecer, tomar conciencia de qué estamos haciendo y ganar en visión profunda de la existencia. Esta crisis es una de las más enriquecedoras de la vida si sabemos agradecer a la existencia el que estemos aprendiendo, aún con dolor, a dar en vez de a recibir.

I Foro Libre de Intercambio de Experiencias de Maternidad y Paternidad

http://foromaternidadjaca2011.wordpress.com/

Este verano: ¡tú tienes la palabra!

En Jaca, los días 29, 30 y 31 de julio

Te invitamos a participar en el I Foro libre de intercambio de              experiencias relacionadas con la Maternidad.

Organizado por Vía Láctea

Anímate y cuéntanos tu experiencia, personal, profesional, artística, científica, espiritual…sobre todo lo relacionado con la constelación de la maternidad y la paternidad.

¿Por qué un Foro libre de intercambio de experiencias?

Un poco de historia de los cursos de Maternidad. Desde el año 2004 al 2010, se han celebrado en la ciudad de Jaca, siete cursos de verano, en los que se han estudiado diferentes aspectos  de la  Maternidad. Los seis primeros estuvieron organizados por la Universidad de Zaragoza y el séptimo  por la Asociación Vía Láctea, con  la colaboración de las siguientes instituciones:

  • Observatorio de Salud de las Mujeres.
  • Agencia de  Calidad del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad y Política Social.
  • Máster Interuniversitario de Ciencias de la Enfermería MUCCE, Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza.
  • Asociación El Parto es Nuestro.
  • Asociación Científica de Matronas de Aragón. Unidad Docente de Matronas de Aragón. Dirigidos por María Jesús Blázquez, catedrática de Biología y cofundadora de Vía Láctea.

Los cursos, impartidos por un grupo docente multidisciplinar, de cincuenta y cinco profesionales de diferentes universidades. Se han convertido en un referente en todo el estado pues no se ofrecen cursos de estas características, por sus contenidos, objetivos y metodología, en otras universidades españolas.

Más de quinientas personas han participado como asistentes a los cursos, procedentes de todo el país y Latinoamérica,  profesionales de los ámbitos,  sanitario, educativo y social.

El verano de 2011, será  el  grupo docente de los cursos quién escuchará a las personas que presenten sus experiencias.

¿Para qué un Foro libre de intercambio de experiencias? Para facilitar un espacio y un tiempo, para dar voz, en un foro libre, a todas  aquellas personas que deseen participar,  que han asistido a los cursos anteriores o  participan por primera vez.

¿Quiénes pueden participar en el Foro? Es un foro libre y pueden participar todas las personas que presenten experiencias relacionadas con los siguientes temas.

Temas:                                                                                                                          

  • Maternidad y crianza: aspectos éticos, sociales y emocionales
  • Experiencias de Maternidad y Paternidad
  • Maternidad y ciclo vital de la mujer
  • Maternidad, ciudadanía y cuidadanía
  • Maternidad, educación y formación
  • Maternidad y primera infancia
  • Maternidad entrañable y gozosa
  • Maternidad y medios de comunicación
  • Maternidad y espiritualidad
  • Maternidad y arte
  • Maternidad y ecología
  • Maternidad y Paternidad

Presentación de comunicaciones

Del 20 de marzo al 25 de mayo

  • Normas presentación de comunicaciones. Será imprescindible inscribirse al foro antes del envío de la comunicación. Las comunicaciones se enviarán a la dirección:comunicacionesforomaterjaca@gmail.com

    La comunicación se enviará en Word. El título en mayúscula, letra Arial tamaño 12. Negrita y sin subrayar. El texto debe tener un máximo de 1500 palabras. El tipo de letra, Calibri tamaño 10, con espacio normal, interlineado sencillo. Margen normal. Datos de la persona comunicante.Después de la recepción de la comunicación, se enviará respuesta de confirmación de aceptación a la dirección de correo electrónico que figure en el envío. Se autoriza expresamente al Comité Organizador la publicación de todos los trabajos presentados en la revista, CD o libro acordado por el mismo, así como su posterior inclusión en el apartado de Publicaciones de la web de Vía Láctea. Para la presentación oral dispondrá de un espacio de 15 minutos. En el mensaje de confirmación de aceptación de la comunicación se indicará el día y la hora donde tendrá lugar.  Las presentaciones, tipo power point, fotos… deberán descargarse en el ordenador que facilite el foro, con anticipación de unas horas antes de la presentación oral.

¿Dónde se celebrará el Foro?  Salón de actos del Colegio de Escolapios.Avda Perimetral, 2, Jaca

Horarios: comienzo el día 29, a las 17,30 h, hasta las 13,30 del día 31.

Tarifa de inscripción:

50 euros,  antes del 31 de mayo

75 euros, a partir del  1 de junio

  • Enviar el justificante de la transferencia bancaria, escaneado y los datos personales, nombre, apellidos, domicilio postal, teléfono, profesión y lugar de trabajo. A la siguiente dirección: inscripcionesforomaterjaca@gmail.com

    Número de cuenta para realizar la transferencia: CAI 2086 0053 22 33000 30629

    Al realizar la transferencia poner en el apartado de concepto: nombre apellidos y añadir la palabra: Jaca.

    El dinero recaudado con las inscripciones irá destinado a Maternaje, un servicio que gestiona Vía Láctea en Zaragoza de atención a la Maternidad en situaciones desfavorables, de riesgo y exclusión social.

    Importante: Se puede asistir al foro, aunque no se presente comunicación pero es necesario inscribirse.

Alojamientos recomendados:

  • Albergue JACA. Avda Perimetral, 2, Jaca.  Tfno. 974 115206 y 974 360536.  Reservas: Albergue http://www.alberguejaca.esTarifas: Alojamiento y desayuno: 20€. Media Pensión: 28€.

  • Hostal Skypass, C/Mayor, 57.  974363954 Reservas: skipasscafe@hotmail.es Alojamiento y desayuno: 20€.

Más información  de los cursos de Maternidad celebrados en la ciudad de Jaca de 2004 a 2010.

  • Títulos de los cursos:

    2004 – MATERNIDAD y CRIANZA: ASPECTOS ÉTICOS, SOCIALES Y EMOCIONALES

    2005 – MATERNIDAD Y PRIMERA INFANCIA

    2006 – MATERNIDAD ENTRAÑABLE Y GOZOSA

    2007 – MATERNIDAD Y PATERNIDAD

    2008 – MATERNIDAD Y CICLO VITAL DE LA MUJER

    2009 – MATERNIDAD Y ECOLOGÍA

    2010 – MATERNIDAD, CIUDADANÍA Y CUIDADANÍA

    Libros de ponencias de los cursos  Cada curso se ha editado el libro correspondiente, gracias  al apoyo del Observatorio de Salud de las Mujeres. Los temas tratados a lo largo de los siete años, han sido:

  • MATERNIDAD y CRIANZA: ASPECTOS ÉTICOS, SOCIALES Y EMOCIONALES (2004).
  • MATERNIDAD Y PRIMERA INFANCIA (2005).
  • MATERNIDAD ENTRAÑABLE Y GOZOSA (2006).
  • MATERNIDAD Y PATERNIDAD (2007).
  • MATERNIDAD Y CICLO VITAL DE LA MUJER (2008).
  • MATERNIDAD Y ECOLOGÍA (2009)
  • MATERNIDAD, CIUDADANÍA Y CUIDADANÍA(2010).

Editados por prensas universitarias de Zaragoza. Se pueden solicitar a Vía Láctea o en Libreria Siglo XXI [contacto@libreriasiglo21.com]                                                  

  • Colaboran:  Observatorio de Salud de las Mujeres. Agencia de  Calidad del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad y Política Social. Máster Universitario en Ciencias de la Enfermería. Universidad de Zaragoza. Asociación Científica de Matronas de Aragón. Unidad Docente de Matronas de Aragón. Asociación El Parto es Nuestro.
    Profesorado de los siete cursos:
    1-JOSEFA AGUAYO MALDONADO. Neonatóloga  Hospital Universitario Virgen del Rocío, Sevilla. Profesora Universidad de Sevilla. 2-ISABEL ALER GAY. Socióloga Profesora Titular de Sociología de la Universidad de Sevilla. 3-BENITA ALONSO GOTOR. Coordinadora de la Unidad Docente de Matronas de  Aragón. 4-NÚRIA BEITIA HERNÁNDEZ. Psicóloga. Grupo Duoda. Universidad de Barcelona. 5-OLAF BERNARDEZ CABELLO. Licenciado en Derecho.     6-MARÍA JESÚS BLÁZQUEZ GARCÍA. Catedrática de Biología, Zaragoza. 7-PABLO BONAL PITZ. Médico Profesor Universidad de Sevilla. 8-ISABEL CANALES ARRASATE. Pediatra. Bilbao. 9-MARÍA VICTORIA CASTILLO ARNEDO. Bióloga. El Parto es Nuestro. 10-CONCEPCIÓN CUENCA CALABUIG. Matrona. Hospital Virgen de los Lirios de ALCOY. 11-PILAR DE LA CUEVA BARRAO. Especialista en Obstetricia y Ginecología. Hospital General de la Defensa. Zaragoza. 12-FRANCISCA FERNÁNDEZ GUILLÉN. Abogada. “El Parto es Nuestro”.  13-JUAN GARCÍA ALONSO. (CCOO Asturias).  14-CONCEPCIÓN GERMÁN. Enfermera. Antropóloga. Profesora Titular de Enfermería Comunitaria. Universidad de Zaragoza. 15- ANA GONZÁLEZ  URIARTE. Psiquiatra. Psicóloga. Huesca. 16-BLANCA HERRERA CABRERIZO. Matrona. Asociación Andaluza de Matronas. 7-PILAR LEDESMA. Maestra Psicopedagoga. Alcañiz.18-MARÍA JOSÉ LACALZADA. Profesora Universidad de Zaragoza. 19-LAURA LECUMBERRI. Matrona. Hospital Virgen del Camino. Navarra. 20-CLAUDIA LÓPEZ GUIO. Licenciada en Derecho. Madrid. 21-FLAVIA MANGLANO. Matrona. Hospital Miguel Servet. 22-JOSÉ IGNACIO MATUTE. Matrona. Asturias.23-JAVIER MARCUELLO FRANCO. (Jefe de Servicio de Orientación Familiar de la Dirección de Familia, Gob. de Aragón.  24-FRANCISCA MONTILLA PÉREZ. Enfermera. Hospital de Sabadell.  25-FELIPE MUNUERA GIL. Arquitecto. Huesca.  26-FRANCISCA MOYA GARCÍA. Madre. Sindicalista y Licenciada en Ciencias Físicas. 27-EDUARDO NUEZ VICENTE. Profesor Ed. Primaria. 28-IBONE OLZA HERNÁNDEZ. Médico Psiquiatra. Hospital Puerta de Hierro. Madrid. 29-ARACELI ORDUNA COARASA. Enfermera. IBCLC. Zaragoza.  30-JON ORTEGA RODRIGAÑEZ. Biólogo. Universidad de Murcia.31-NÚRIA PUIG COMAS. Matrona. Hospital San Jorge de Huesca.32. ANA MARÍA POLO GUTIERREZ, Enfermera. Directora Cooperación Internacional. FUDEN. Fundación para el Desarrollo de la Enfermería. 33-ROSARIO QUINTANA PANTALEÓN. Especialista en Obstetricia y Ginecología y asesora en Políticas de Salud y Mujeres. Cantabria. 34-LAURA QUERO REVUELTA. Médico. Hospital de Jaca. 35- MARÍA JOSÉ RAMÓN DEL CARMEN. Matrona. Asociación Científica de Matronas de Aragón. 36-CASILDA RODRIGAÑEZ BUSTOS. Escritora. Investigadora. 37-DOLORES ROMANO MOZO. Ingeniera Agrónoma. ISTAS (Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud).  38-JOSEFA INÉS SANTAMARÍA. (Hospital Virgen de los Lirios de Alcoy). 39-EMILIO SANTOS LEAL. Especialista en Obstetricia y Ginecología. Madrid. 40-PABLO SAZ PEIRÓ. Director del Postgrado de Medicina Naturista. Universidad de Zaragoza.  41-SHILA SAZ TEJERO. Fisioterapeuta, Zaragoza. 42-MÁXIMO SANDÍN DOMÍNGUEZ. Profesor Titular de Antropología. Universidad Autónoma de Madrid.43-CARMEN TEJERO LAÍNEZ. Trabajadora Social. Zaragoza. 44-PILAR TENA CABETAS. Pintora. 45-Mª ISABEL VIDALLER  FERRÓ. Psicomotricista. Psicopedagoga CEIP Macarena.46-CARMEN ZAPATER SERRANO. Matrona. Madrid. 47-ROSA ZARAGOZA LLUCH. Cantautora. Barcelona. 48-EIDER PACHECO. Médico. Partera. IBCLC. Navarra. 49-DOLORES ROJO. Matrona. Navarra.50-NATALIA MÁRQUEZ. Terapeuta Ocupacional, Jaca.
    Comité Organizador: Teresa Batlle- Araceli Orduna- Carmen Tejero- Estíbaliz Saez de Vicuña- Eva Morales –Lola Ruiz- María Jesús Blázquez.

LO QUE HACEN LAS MADRES, SOBRE TODO CUANDO PARECE QUE NO HACEN NADA

Bienvenid@s al blog de CARICIA.

Aprovechando que nuestro pequeño y emocionante proyecto del Grupo de Crianza empieza a ver la luz, y dada la respuesta tan positiva que estamos obteniendo por vuestra parte, nos decidimos a presentaros el blog.

En él queremos compartir artículos que nos hagan reflexionar, facilitaros enlaces a webs interesantes, cursos y todo aquello que consideremos de interés para nuestras familias. Todas las sugerencias serán bien recibidas.

Abrimos el blog con un texto relacionado con la charla que mantuvimos el miércoles en la reunión quincenal del grupo de Crianza. Esperamos que lo disfrutéis.

LO QUE HACEN LAS MADRES, SOBRE TODO CUANDO PARECE QUE NO HACEN NADA

¿Hace algo una madre sentada plácidamente con su bebé? ¿Y una madre con sus hijos pequeños en el supermercado? Solo que nos lo cuestionemos refleja muy bien el escaso valor social de la maternidad en un mundo que valora y remunera-apoya lo productivo y no lo reproductivo, lo material y no lo afectivo. “Lo que hacen las madres. Sobre todo cuando parece que no hacen nada” es un libro que reivindica la maternidad, repasa el contenido de todo ese trabajo maternal invisible a ojos de todos, incluidos a los de las propias madres, y lo revaloriza como pieza indispensable en la sociedad. Su autora es Naomi Stadlen, psicoterapeuta, licenciada en Historia, madre de 3 hijos mayores con más de 12 años de experiencia con el grupo Mother Talking de apoyo a madres de niños pequeños en los que, entre otros temas, también se comparte el sentir de soledad, incomprensión, invisibilidad, dureza…

“Lo que hacen las madres, Sobre todo cuando parece que no hacen nada” no es un libro de consejos de crianza porque Naomi Stadlen defiende el ESTILO ÚNICO que cada madre emprende en la maternidad para relacionarse con su hijo y ofrecerle su amor, pero sí explica conceptos que nos afectan a todos. Este es un texto del libro extraido de la revista El mundo de tu bebé de febrero 2010 donde podemos leer que ser madre es mucho más que el aplauso del Día de la Madre y que tiene un gran valor los otros 364 días del año…

La mayoría de la gente está de acuerdo en que ser madre es un trabajo muy duro. Pero ¿cuál es exactamente el trabajo de una madre? En esto hay menos acuerdo. La gente parece pensar que cuidar a un bebé no tiene nada que ver con el trabajo que se supone que debe hacer una madre. Por ejemplo, imagina a una madre que está enjuagando la ropa de su bebé. Sabe que su hijo está dormido pero que puede despertarse en cualquier momento. Efectivamente, unos minutos después el niño empieza a llorar, así que la madre se seca las manos y va rápidamente a cogerlo. Parece que está alterado, así que lo acuna un rato. Luego se pregunta si ha tenido un mal sueño y empieza a cantar una cancioncilla que le gusta y suele animarlo. ¿Cuál de estas actividades es su trabajo? La mayoría de la gente diría que al enjuagar la ropa está trabajando, mientras que al coger a su bebé tiene que dejar de trabajar. Las madres suelen hablar de una dolorosa sensación de “fracaso” en esos momentos en los que, si prestásemos más atención, nos daríamos cuenta de que están cuidando a sus hijos. Lo contrario también es cierto. Cuando una madre está ocupada con tareas domésticas concretas y visibles, pero de carácter secundario respecto a sus obligaciones maternales, es muy probable que tanto ella como otras personas digan que está “consiguiendo hacer su trabajo”.

Hoy en día una madre puede sentirse muy sola. La mayoría de la gente no es consciente de lo que hace. Esto no se debe a que la maternidad haya cambiado. Los elementos esenciales de la maternidad parecen ser invariables. Pero el mundo que rodea a una madre está cambiando siempre. Sin embargo, las madres no pueden retirarse a un vacío social. Ser madre es tanto un papel privado como social. Cada madre construye un puente que conecta a su hijo con la sociedad que todos compartimos. Si es un buen puente, su hijo podrá utilizarlo para acceder al mundo exterior. Ese puente está basado en su relación mutua. Si se puede relacionar bien con su hijo, éste tendrá la oportunidad de convertirse en una persona que se relacionará bien con nosotros. El conjunto de nuestra sociedad depende de cómo se relacione cada madre con su hijo. Ése es su trabajo maternal.

A la mayoría de las madres les preocupa mucho que la gente que las rodea apruebe a sus hijos. La respuesta más despreocupada de otra persona puede afectar a una madre durante todo el día. Pero ¿cómo puede comunicar la gente sus reacciones de una manera responsable si no se da cuenta de lo que hace una madre cuando está cuidando a su hijo? No es que no les importe. La mayoría de la gente tiene una opinión muy clara sobre cómo hay que educar a los niños. Pero cuando ven a una madre sentada tranquilamente con su bebé, no pueden ver nada concreto. No es la idea que tiene la mayoría de la gente del trabajo de una madre.

Esta falta de comprensión es más evidente si pensamos en un niño un poco mayor. Por ejemplo, podemos observar a una madre con su hijo en un supermercado. La madre está relacionándose con él de varias maneras a la vez. Le está inculcando el comportamiento que considera apropiado para un niño de su edad en un lugar público. También le está demostrando cómo debe comportarse en un supermercado al decirle que no se tiran las cosas de las estanterías y que no se llena la cesta con todo lo que hay a mano, sino que se eligen los productos y se paga por ellos. Le está demostrando sus valores personales al comprar, por ejemplo calculando precios, o dando prioridad ala rapidez y demostrándole cómo se relaciona con los empleados. No le está enseñando en un sentido estricto, sino compartiendo su mundo con él, y esto es agotador. Todo le cuesta el doble de tiempo, y tiene que desviar su atención continuamente del mundo adulto de las compras al mundo infantil de su pequeño acompañante. Si hay algún malentendido, tendrá que mediar entre estos dos mundos. Pero ahora llegamos a la falta de comprensión. Si preguntamos a la madre del supermercado qué está haciendo, casi con toda certeza respondería: “la compra”. Si preguntásemos a otros compradores y a los empleados qué creen que está haciendo la madre, la mayor parte diría: “la compra”. Sin embargo, la madre está haciendo dos trabajos, no sólo uno. El segundo es un trabajo silencioso que se deriva del primero. No tiene un nombre específico.

Cuando un niño comienza a ir a la escuela, los profesores hablan de la importancia de la “socialización”. Sin embargo, cuando una madre está socializando a su hijo de forma gradual y haciendo muchas más cosas, no se le tiene en cuenta, porque todo el mundo cree que simplemente está “de compras”. Si la actividad de la madre se limita a “comprar”, entonces la compañía de su hijo parece un impedimento. La obliga a ir más lenta y le impide hacer las cosas con su eficacia habitual. Pero si reconocemos que todo esto forma parte de su trabajo, podríamos redefinir su tarea como “cuidar y comprar“. Eso daría a su hijo una posición legítima en sus acciones. También explicaría por qué una madre puede estar tan cansada e irritable después de ir de compras. Dos trabajos son más duros que uno. Y le resulta aún más duro si ignora el segundo y cree que sólo ha realizado el primero. En vez de estar satisfecha por haber combinado dos trabajos razonablemente bien, por lo general acaba enfadada consigo misma por hacer uno aparentemente mal.

Cuando la madre y el hijo llegan a casa, suele haber otros ejemplo de esta falta de comprensión. Al sacar las compras, la madre ve el resultado de sus esfuerzos. Pero al mirar a su hijo, no observa un gran cambio. Ha intentado ser paciente con él, pero parece cansado y enfadado, y es posible que tenga hambre. ¿De qué ha servido todo su esfuerzo maternal?. Como se lamentaba una madre: “Cuando estás trabajando, sabes qué has hecho durante el día. Has hecho tantas llamadas de teléfono, has escrito tantas cartas y tienes algo para demostrarlo. Pero cuando lo miro después de estar trabajando todo el día pienso: ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde ha ido todo mi esfuerzo maternal?.” No ha desaparecido, pero es dificil de reconocer. Está ahí, enfrente de ella.

Es posible que su hijo esté enfadado; en este caso, puede ser porque lo ha cuidado bien. No está enfadado con ella, sino para ella. La diferencia es crucial, pero fácil de malinterpretar. Un niño enfadado confía en su madre y espera algo de ella. Le pide más que a otras personas porque ella está cerca de él y parece comprenderlo. Normalmente está seguro de que su madre se lo arreglará todo. “Un bebé que llora mucho puede hacerlo porque tiene una estrecha relación con la madre”, señalaban dos perspicaces investigadores de un hospital de Londres. Pero esto va en contra de una suposición cultural muy extendida según la cual si un bebé llora y un niño se enfada es porque hay una mala relación. Por lo tanto, desgraciadamente, la mayoría de las madres no se toman como un cumplido que sus hijos lloren o se enfaden. El enfado de los niños, que muchas veces puede indicar cuánto confían en sus madres, se suele malinterpretar como una prueba de fracaso maternal. Los bebés no suelen confirmar que las madres hacen las cosas bien. A una madre la tranquilizaría que su hijo le dijera de vez en cuando: “¡Anímate, mamá! Te estás relacionando muy bien conmigo.” Pero los bebés no pueden hacer esto. Una madre puede sentirse muy sola e incomprendida durante esas primeras semanas.

(…)

Una desorientación intensa

Las frases que más repiten las madres son “no hago nada” y “no consigo hacer nada”. Así es como describen su experiencia. Deberíamos escuchar atentamente y preguntarnos qué significa “no hacer nada”. Antes se suponía que era la ausencia de “hacer algo”. Pero al escuchar lo que dicen las madres, parece que es una experiencia en sí misma.

(… )

Cuando una madre considera su forma de utilizar el tiempo como “no hacer nada” es incapaz de ver lo que hace como parte de un cambio deseable y significativo. Como no ve ningún cambio, puede pensar que la acción (o inacción) maternal de estar con su bebé no tiene ningún valor. Esto contrasta con la opinión popular de que las madres siempre están ocupadas. Una “madre ocupada” es casi un cliché. Este término sugiere una gran cantidad de acciones útiles y visibles. Pero la vida con un bebé durante los seis primeros meses puede no ser activa en absoluto. Normalmente es lenta. Por ejemplo, una madre no puede apretar un botón de aceleración cuando está dando el pecho a su hijo. Mama, se para, la mira a la cara durante un rato, sigue mamando, cierra los ojos y se adormece, pero se despierta enseguida para seguir mamando si ella se mueve. ¿Ocupada? Incluso su mente parece ir lenta. Más tarde es posible que esté un rato ocupada limpiando, ordenando y llamando por teléfono. Pero esas acciones están menos relacionadas con el hecho de ser madre. Tienen más que ver con cuidar la casa, al resto de la familia y a ella misma. Todo este tiempo está con su bebé. Es esa relación invisible la que hace que le parezca que “no hace nada”. En vez de ocuparse con una larga lista de tareas, está reduciendo el ritmo de su vida para adaptarse al de su bebé. Para cualquier persona acostumbrada a la velocidad de la vida urbana, el contraste es enorme. También tiene que renunciar de algún modo a su conciencia activa y acceder a algo más simple y antiguo para acercarse al mundo de su bebé.

No es fácil. Sin embargo, ahí está la clave de la relación trascendental entre los dos. Lejos de no hacer nada, está haciéndolo todo.

Sitio oficial: Naomi Stadlen

Extraido de http://creceratulado.blogspot.com/2011/05/hace-algo-una-madre-sentada.html